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martes, 8 de octubre de 2013

La verdadera y desordenada historia de España. Capítulo 5: La invención de la fregona.





Las dos Españas, de las que con gran acierto y poesía hablaba Machado, tienen reflejo en todos y cada uno de los eslabones que componen esta nuestra incierta y confusa historia. Eventos y acciones de diferente profundidad, nos separan a los españoles a la hora de ejercitar el juicio y decantar nuestra balanza a favor o en contra de algo, o mejor de alguien.  


De todos ellos, hoy destacamos los frentes creados por los partidarios de Manuel Jalón y Emilio Bellvis. Los primeros, dicen ser admiradores del único y verdadero creador del palo con mocho, mientras que los segundos, afirman sin dejar lugar a la más pequeña de las minúsculas dudas, que es don Emilio, y no Manuel, quien tubo años atrás la brillante idea de pinchar un trapo hecho jirones y meterlo en un cubo con agua, para posteriormente pasearlo por el piso con la intención de llevarse a su paso los restos que unos pies inconscientes dejaron allí. 


Sintiéndolo mucho, ambos frentes dormirán esta noche con una nueva frustración, algo a lo que ya estarán acostumbrados pues españoles son todos. He aquí el documento único y esclarecedor del momento histórico en el que un español contribuyó al mundo con un invento imprescindible para la supervivencia del humano común (los no comunes, también llamados pijos, aún hoy desconocen que se ha inventado la fregona).

Año 1500. Sala del trono. Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón se entretienen jugando al veo, veo.


·         ¿Qué ves?

·         Una cosa que empieza por la A

·         ¿Por la A?... no sé… ¿Tu ADMIRADO rey?

·         Más bien mi Aburiiiiido esposo…esto es un coñazo Fernando…vamos a conquistar algo, o a expulsar a alguien, yo así vivir no puedo.

·         Pues ponte a fregar, que es lo que a vos corresponde.

·         ¿Cómo os atrevéis?¡¡ Soy la reina!!

·         Y nacida hembra, no lo olvidéis, pues si bien vuestra memoria es selectiva dependiendo de la conveniencia, la realidad saliendo de mi boca está aquí para recordáoslo. 

·         ¿vos pretende verme por los suelos por alguna suerte de fantasía impura?

·         Quita, quita… yo ya cumplí la encomienda al sembrar en vuestro vientre real descendencia. Y mi trabajo costó, no vaya vuestra merced a creer que mi real entrepierna se alza al cielo con cualquiera, que tan macho no soy.

·         De tal doy fe, más ¿qué insinúas?, ¿no eran suficientes mis virtudes para logar estimulo inmediato en la fuente de vuestros más bajos pecados?

·         Ni lo eran, ni lo son. Si bien negar no puedo vuestra habilidad para arremeter contra moros, judíos o infieles de casta cualesquiera, he de haceros notar, por si el espejo aún no lo ha hecho, que la gracia de vuestras carnes tiene el don de la discreción.

·         ¿Me estás llamando discreta? No me parece mal alago.

·         Ateniéndome a lo dicho, te estoy llamando fea, más no quiero que por hirientes tomes mis palabras, es sólo una realidad.

·         (Isabel se quita la corona y la lanza contra Fernando, con tal puntería que le abre una brecha en su real testa), Ateniéndome a mi certeza en el tiro yo sí he querido herirte.

·         Ay, ay, ay…(se queja el pobre monarca sin poder contener la hemorragia) pero ¿Qué me hacéis, mala bruja? Me habéis abierto la crisma por una trifulca marital sin importancia. Estáis poniendo en riesgo el gobierno de la Españas

·         Si tan sólo la sesera ha quedado dañada no será mucho el daño que hayan de sufrir las Españas.  Y tapaos esa brecha, que ponéis perdido el real suelo de palacio.

·         Ay, ay, ay…malévola mujer, con lo que he tenido que aguantar de vos y así pagáis mi oficio. 

·         Ni oficio tenéis vos, ni beneficio llevo me yo. Pues si hubiera podido sola juntar reinos de Castilla y Aragón a buena hora hubiese prestado mi mano a la suya, y menos aún la alcoba.

·         ¡Bruja!,¡ más que bruja!, limpiad inmediatamente los restos de vuestra acción. ¡Arrodillaos y fregad la piedra que ha de pisar vuestro rey!!.

·         ¿Queeeee?.

Enrojecida por la ira que de Isabel se apropió, cogió de un puñado al rey (pues era más fuerte que él, aunque poco mérito este era, teniendo en cuenta el soplo que el cuerpecillo del monarca representaba) y lo volteó llevándole la cabeza al lugar natural de los pies, y estos alzo les al cielo.  Un cubito de madera, que por allí descansaba, tras la friega matutina que el servició realizó, sirvió le a Doña  Isabel para hundir la real cabeza de su esposo en aguas no muy claras. Tras esto, y con las ridículas piernecillas del monarca pataleando en el aire, comenzó la reina a adecentar el suelo restregando con destreza la sangre con la cabeza… de su esposo, claro.


Y así, y no de otro modo, quedó inventada la fregona.
 El resto son habladurías sin fundamento, pues la gracia de aquel invento no estuvo en el estudio, sino en cómo de un revés, supo Isabel sacar un invento.

viernes, 4 de octubre de 2013

Maleducados




Supuestamente, a nadie le gusta el actual sistema educativo. No voy a hablar de Wert y sus despropósitos. Hoy, vamos a tratar de profundizar un poquito más, y por una vez vamos a dejar al descerebrado del ministro de cultura aparte.

Nuestro modelo educativo ( y en ese “nuestro” vamos a englobar a todo el mundo civilizado, perdón, quise decir “civilizado”) sienta sus bases en la escuela Prusiana, que a su vez se basó en los métodos espartanos.  En esta, que es la nuestra, el funcionamiento difiere poco del aplicado en las fábricas o en el ejército. 

Una figura, en este caso el maestro, ejerce el papel de autoridad. Es él quien decide qué, cómo y cuándo, dentro de su aula. Es también esta figura la única que desarrolla un protagonismo diario, mostrándose como el altavoz, el gran libro de sabiduría, que habla, habla y habla, mientras los alumnos escuchan, escuchan… y dejan de escuchar en muchos casos.  Como guinda del pastel, el alumno ha de demostrar los conocimientos adquiridos a través de una prueba escrita u oral, que será corregida y calificada por el “gran sabio”. 

Hasta aquí, la mayoría de la población española diría algo así como: “claro, así tiene que ser”, a lo que otros sumarían un “pero que el maestro tenga más autoridad”. 

Pues bien, dicho sea desde el más absoluto de los respetos, a mí este método me parece una absoluta porquería.  

Nos hemos equivocado, nos seguimos equivocando y quizá estemos a tiempo de cambiar. 

Un niño es, en su estado natural, una esponja capaz de preguntar y preguntarse por todo aquello que le rodea, siempre y cuando esto o aquello le interese. Dicho sea de otra forma, los chavales son (y nosotros lo hemos sido, por más que la fuerza de los hábitos impuestos se empeñen en hacernos olvidar) unos genios en potencia. No, no estoy exagerando lo más mínimo. El niño necesita explorar, jugar, interactuar y aprender porque está dentro de su manual de instrucciones de humano. Nadie tiene que enseñárselo.

Lo que inconscientemente hacemos como sociedad es mutilar esa genialidad, esa creatividad, todo ese mundo de posibilidades, a cambio de modelar “buenos ciudadanos” y sobre todo “ciudadanos útiles al sistema”. 

¿Qué sentido tiene que una persona tenga que aprender una serie de materias estandarizadas y diferenciadas para seguir avanzando en la escuela?.   

Muchos padres  al leer esto, y tras llevarse las manos a la cabeza, dirán: “¿pero que cojones me está contando el imbécil éste?, ¿Qué mi hijo va a pasar de un curso a otro sin saber multiplicar o dividir sólo porque le apasiona la poesía?”. Tranquilos, no se alarmen todavía.

Uno de los principales problemas del modelo actual es precisamente la “parcelización” del aprendizaje. La lengua, la literatura, la música, las matemáticas, la ciencia o la educación física, por poner algunos ejemplos, NO son materias independientes. Todo forma parte de lo mismo y por lo tanto el aprendizaje ha de estar intercomunicado. 

Un niño apasionado por la música llegará él solito a la lengua, para poder investigar y descubrir en los libros, por ejemplo, y de aquí entrará en las matemáticas, para comprobar que música y matemáticas son dos expresiones distintas de la misma cosa, y continuará por la poesía, pues música y poesía son también dos expresiones distintas de lo mismo, y llegará a la ciencia, que no es más que matemáticas y poesía hechas carne… y seguirá, y seguirá….

El camino no tiene que ser este que yo acabo de describir. De hecho, existen tantos caminos a seguir como personas dispuestas a crecer. De lo único de lo que los adultos deberían de ocuparse es de no interrumpir el desarrollo natural de los pequeños. Hay que ofrecerles nuestro conocimientos cuando ellos nos los pidan, y los van a pedir, no tengan la menor duda. 

Otro de los gravísimos problemas del sistema educativo, y de nuestra sociedad,  es el enfoque al utilitarismo laboral en el que está inmerso. A pocos padres he escuchado decir que su hijo estudio tal o cual carrera para tratar de ser feliz. No, el objetivo que la mayoría de los padres tienen para sus hijos cuando les envían a la escuela, o a la universidad, es que puedan conseguir un buen trabajo. Ni siquiera se refieren a un trabajo en el que puedan ser felices con poco dinero, se refieren a un trabajo que les dé mucho dinero. 

Por todo ello deberíamos de dedicar unos momentos a la autocrítica, no demasiado, ya que al no estar acostumbrados puede sentarnos mal un empacho de mea culpa. Y durante esos instantes vamos a reflexionar sobre lo que nos gusta y lo que no nos gusta de este sistema. Vamos allá, conteste usted como le plazca:

·         ¿Le gusta que su hijo pase en la escuela tanto tiempo, o más, que un empleado adulto en su puesto de trabajo?. ¿Le parece necesario?

·         ¿Le gustaría descubrir junto a su hijo cuáles son sus habilidades sin cuestionarlo?

·         ¿Si tiene que elegir, prefiere que su hijo sea feliz con poco dinero, o como los demás pero con mucho dinero?

·         ¿Cree usted que la opinión de un maestro ha de ser asumida siempre por el alumno como verdad, o que se puede debatir cualquier cosa?

·         ¿Estaría usted dispuesto a renunciar a algunas cosas para pasar más tiempo con su hijo? ¿hasta dónde está dispuesto a llegar?

·         ¿Cree usted que el juego es imprescindible en el aprendizaje, incluso en el caso de un adulto? Si no tiene clara esta respuesta, pruebe a contestar estas  ¿de todo lo que recibió en su formación, qué es lo que más recuerda? ¿Cómo lo aprendió?

·         ¿Qué es una persona formada? ¿la que sabe un poco de todo? ¿la que sabe mucho de algo? ¿la que sabe lo que necesita?

·         ¿Cuándo hay que parar de estudiar/aprender?

·         ¿Cuándo se empieza a estudiar/aprender?

Podríamos seguir con muchas más preguntas para que usted pueda aclarar qué es lo que no le gusta del sistema educativo. Pero si lo que piensa es que el problema radica en que los niños deberían de tener muchas tecnologías a su alcance y un profe cada pocos alumnos para estar todo el tiempo encima de ellos y corrigiéndolos… entonces, olvide lo que acabo de contarle. Para usted soy uno de esos soñadores inocentes que piden cosas imposibles. Y quizás tenga razón… pero, ¿y si resulta que no?.

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