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martes, 15 de octubre de 2013

La era de la incomunicación





Esta mañana una cantarina locutora de radio abría su sección de la siguiente forma: “Hola, ¿Qué tal?, muy buenos días, reciban ustedes un afectuoso saludo de todo el equipo de…”. 

¿De verdad es necesario saludar cuatro veces para iniciar un programa?.  No sé a ustedes, pero a mí me resulta cargante y ridículo, propio de aquel que no sabe como rellenar los innumerables huecos   que presenta un micrófono abierto. Tarea ésta arduo complicada, dicho sea de paso. 

Lo más “divertido” del asunto, es que este ejemplo no es ni mucho menos lo peor que nos podemos encontrar cuando dejamos que nuestros ojos y oídos se presten a recibir lo que otras bocas y plumas han decidido regalarles.  Por ejemplo, hace poco escuché a un comentarista deportivo decir, a propósito del cansancio de uno de los equipos de un partido de fútbol, lo siguiente: “están literalmente muertos, no pueden con su alma”… ¡Toma ya!, ¡literalmente muertos, dice el pedazo de mamón!, ¿se imaginan el susto que se habrán llevado los familiares de esos futbolistas al enterarse por la boca de un comentarista descerebrado que uno de sus seres queridos la acaba de palmar?, en directo, eso sí, que tiene más glamur.

Claro está, en realidad esto no ocurre, porque si bien el emisor es claramente defectuoso, el receptor, por desgracia, no le va a la zaga. Y ahí reside el problema.

Lejos de mantener una actitud purista en nada, tampoco en la comunicación, debemos de tratar de distinguir entre dos caminos bien distintos. 

Uno, el de la evolución normal, continua  e imparable de la lengua. Es obvio que ni nosotros utilizamos el mismo lenguaje que utilizaban nuestros abuelos, ni nuestros nietos utilizarán el mismo que ahora destrozamos, perdón, quería decir utilizamos, nosotros. La vida es cambio, y la comunicación verbal y escrita fluye con los tiempos, acomodándose a los que de ella hacen uso y, por si alguien no había caído en la cuenta, definiéndolos.

Dos, el de la involución comunicativa. Este me preocupa más. Pues si bien los familiares de los jugadores de fútbol que escuchaban la retransmisión a la que anteriormente hacía referencia no se asustaron, pues entendieron el mensaje, el fraudulento uso del lenguaje que se está haciendo desde los medios de comunicación es muy peligroso.  

Mezclar palabras para obtener frases comunes que a tenor de un contexto van a tener un significado, obviando el significado real de las frases en función del cumplimiento de las reglas gramáticas, es tomar el camino involutivo.  Dicho de una forma menos enrevesada, si por no hacer el esfuerzo de aprender a hablar, escribir y escuchar correctamente, nos conformamos con aplicarle a la lengua la operación bikini (¿ven?, yo también me he contagiado) caminaremos en dirección opuesta al camino natural de la comunicación. En vez de tener cada vez un lenguaje más rico en matices (¡y qué importantes son los matices!) estaremos más cerca de los originarios gruñidos con los que nuestros ancestros se expresaban.

Para que puedan comprobar la importancia que tiene lo que trato de contarles, basta con que presten atención a sus representantes políticos y a los servidores de estos (entre los que hay muchos “periodistas”). Observen como juegan, tergiversan, manipulan y mezclan las palabras de tal forma que un simple “estoy a favor” puede llegar a convertirse en todo lo contrario con tan sólo menear un poco el tarro de los significados.

Ya sé que muchos de ustedes dirán que esto viene ocurriendo desde hace siglos, y no seré yo quien se lo niegue. Pero la diferencia estriba en un matiz (¡ay los matices, otra vez!) importante: la coctelera de palabras y significados se ha generalizado. 

Este “pequeño” detalle convierte al orador idiota en aceptado, al ser el receptor incapaz de descifrar el contenido del mensaje y conformarse con los titulares y luces de artificio, plagados todos ellos de lugares comunes. Como es lógico, para ello es necesaria la inestimable participación del receptor, es decir, hace falta que acepte estas reglas, y desgraciadamente esto ocurre en la actualidad en gran parte de la masa social.

Cosa bien distinta sería que el receptor se mostrara crítico y se negará a aceptar un discurso al que no le encuentra pies ni cabeza, si lo analiza un poquito, claro. Pero para llegar a esto hace falta algo de lo que nuestra sociedad carece de forma genérica: RESPONSABILIDAD.

Ya sabe, si tanto le molesta que lo manipulen, trabaje para que no puedan hacerlo. Es trabajoso, pero el comienzo es bastante sencillo: analice lo que tratan de comunicarle, y si no lo entiende por lo menos no se lo engulla… o acabará teniendo una pesada digestión verbal.  

martes, 8 de octubre de 2013

La verdadera y desordenada historia de España. Capítulo 5: La invención de la fregona.





Las dos Españas, de las que con gran acierto y poesía hablaba Machado, tienen reflejo en todos y cada uno de los eslabones que componen esta nuestra incierta y confusa historia. Eventos y acciones de diferente profundidad, nos separan a los españoles a la hora de ejercitar el juicio y decantar nuestra balanza a favor o en contra de algo, o mejor de alguien.  


De todos ellos, hoy destacamos los frentes creados por los partidarios de Manuel Jalón y Emilio Bellvis. Los primeros, dicen ser admiradores del único y verdadero creador del palo con mocho, mientras que los segundos, afirman sin dejar lugar a la más pequeña de las minúsculas dudas, que es don Emilio, y no Manuel, quien tubo años atrás la brillante idea de pinchar un trapo hecho jirones y meterlo en un cubo con agua, para posteriormente pasearlo por el piso con la intención de llevarse a su paso los restos que unos pies inconscientes dejaron allí. 


Sintiéndolo mucho, ambos frentes dormirán esta noche con una nueva frustración, algo a lo que ya estarán acostumbrados pues españoles son todos. He aquí el documento único y esclarecedor del momento histórico en el que un español contribuyó al mundo con un invento imprescindible para la supervivencia del humano común (los no comunes, también llamados pijos, aún hoy desconocen que se ha inventado la fregona).

Año 1500. Sala del trono. Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón se entretienen jugando al veo, veo.


·         ¿Qué ves?

·         Una cosa que empieza por la A

·         ¿Por la A?... no sé… ¿Tu ADMIRADO rey?

·         Más bien mi Aburiiiiido esposo…esto es un coñazo Fernando…vamos a conquistar algo, o a expulsar a alguien, yo así vivir no puedo.

·         Pues ponte a fregar, que es lo que a vos corresponde.

·         ¿Cómo os atrevéis?¡¡ Soy la reina!!

·         Y nacida hembra, no lo olvidéis, pues si bien vuestra memoria es selectiva dependiendo de la conveniencia, la realidad saliendo de mi boca está aquí para recordáoslo. 

·         ¿vos pretende verme por los suelos por alguna suerte de fantasía impura?

·         Quita, quita… yo ya cumplí la encomienda al sembrar en vuestro vientre real descendencia. Y mi trabajo costó, no vaya vuestra merced a creer que mi real entrepierna se alza al cielo con cualquiera, que tan macho no soy.

·         De tal doy fe, más ¿qué insinúas?, ¿no eran suficientes mis virtudes para logar estimulo inmediato en la fuente de vuestros más bajos pecados?

·         Ni lo eran, ni lo son. Si bien negar no puedo vuestra habilidad para arremeter contra moros, judíos o infieles de casta cualesquiera, he de haceros notar, por si el espejo aún no lo ha hecho, que la gracia de vuestras carnes tiene el don de la discreción.

·         ¿Me estás llamando discreta? No me parece mal alago.

·         Ateniéndome a lo dicho, te estoy llamando fea, más no quiero que por hirientes tomes mis palabras, es sólo una realidad.

·         (Isabel se quita la corona y la lanza contra Fernando, con tal puntería que le abre una brecha en su real testa), Ateniéndome a mi certeza en el tiro yo sí he querido herirte.

·         Ay, ay, ay…(se queja el pobre monarca sin poder contener la hemorragia) pero ¿Qué me hacéis, mala bruja? Me habéis abierto la crisma por una trifulca marital sin importancia. Estáis poniendo en riesgo el gobierno de la Españas

·         Si tan sólo la sesera ha quedado dañada no será mucho el daño que hayan de sufrir las Españas.  Y tapaos esa brecha, que ponéis perdido el real suelo de palacio.

·         Ay, ay, ay…malévola mujer, con lo que he tenido que aguantar de vos y así pagáis mi oficio. 

·         Ni oficio tenéis vos, ni beneficio llevo me yo. Pues si hubiera podido sola juntar reinos de Castilla y Aragón a buena hora hubiese prestado mi mano a la suya, y menos aún la alcoba.

·         ¡Bruja!,¡ más que bruja!, limpiad inmediatamente los restos de vuestra acción. ¡Arrodillaos y fregad la piedra que ha de pisar vuestro rey!!.

·         ¿Queeeee?.

Enrojecida por la ira que de Isabel se apropió, cogió de un puñado al rey (pues era más fuerte que él, aunque poco mérito este era, teniendo en cuenta el soplo que el cuerpecillo del monarca representaba) y lo volteó llevándole la cabeza al lugar natural de los pies, y estos alzo les al cielo.  Un cubito de madera, que por allí descansaba, tras la friega matutina que el servició realizó, sirvió le a Doña  Isabel para hundir la real cabeza de su esposo en aguas no muy claras. Tras esto, y con las ridículas piernecillas del monarca pataleando en el aire, comenzó la reina a adecentar el suelo restregando con destreza la sangre con la cabeza… de su esposo, claro.


Y así, y no de otro modo, quedó inventada la fregona.
 El resto son habladurías sin fundamento, pues la gracia de aquel invento no estuvo en el estudio, sino en cómo de un revés, supo Isabel sacar un invento.

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