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miércoles, 3 de julio de 2013

"Manual para machotes de verdad" 1ª Entrega



Esta mañana he recibido un correo de uno de los seguidores del blog. El remitente me ha pedido la difusión integra y literal de sus palabras a cambio de concederme el permiso para su publicación. También, temeroso de ser juzgado por algún conocido, me ha solicitado el mantenimiento del anonimato. Pide tan poco y lo que ofrece es tan importante que no he podido negarme. El contenido dice así:

Señor Quino:

Me dirijo a usted tras leer cuidadosamente su blog y constatar que es un defensor de las cosas que otros no quieren contar. Con la esperanza de que pueda interesarle mi vivencia, le envío estas palabras que espero sean de su interés.

Para ponerle en antecedentes le relataré algo de mi historia personal y de cómo, de manera absolutamente fortuita, fui a dar con el objeto que ha cambiado mi vida: un libro.

Siempre me han gustado las mujeres (de hecho vivo con una, mi madre), y tal vez por ello, y porque nunca supe disimularlo, he tenido tantos problemas al relacionarme con el género opuesto. Decepcionado como estaba tras los muchos intentos de emparejarme con compañeras de trabajo, donde paso la mayor parte de mi tiempo, y harto ya de verlas huir cuando intuyen mi aparición, decidí apuntarme a una de esas agencias de citas.

No me gusta mentir, por ello opté por ser veraz en todos lo datos que aportaba y omitir aquellos que creí podían llevar a la duda, o directamente a la negación, a la pretendida. Relaté en mi perfil mi gusto por el buen vestir, mi afición a los deportes, algunos de mis hobbies más destacados, como la lectura o el coleccionismo, mi respeto por la familia o mi afición a la comida internacional. Para la foto, elegí una instantánea que tomé con el móvil en la calle. En ella aparezco junto a mi vecino, un tipo bastante guapo, y la verdad es que a mí apenas se me ve.

Dos días después de la inscripción recibí varias peticiones de cita. La suerte por fin se ponía de mi parte, así que comencé la selección  para elegir a la primera candidata. Habiendo sido victima de la discriminación tantas veces, no me permití caer en lo mismo que había padecido, así que, viendo que la mayoría de las fotos de perfiles enviados correspondían a chicas normalitas tirando a feas, me decanté por la única guapa, como digo, para no discriminar.

Pocas veces había sentido el viento tan a favor. Era el momento de apostarlo todo y por ello, aunque ya lo había hecho el Sábado y aún estábamos a Martes, me duché. Para vestir, ojee en mi armario hasta dar con la ropa más elegante. Me enfundé unos preciosos vaqueros naranjas, mi mejor camiseta de tirantes, la de Iron Maiden, que aunque un poco desgastada le daba un toque muy moderno a mis cuarenta y cinco años, y unas alpargatas recién compraditas con el color a juego de los calcetines. Ligeramente rociado con medio litro de Nenuco y mi riñonera de la suerte, salí a la calle al encuentro de mi princesa.

Por correo le envié la dirección del lugar de la cita. Para tan especial ocasión elegí un restaurante que por el nombre tenía que ser Irlandés, el McDonalds. Ni siquiera sabía que existiera la comida irlandesa, pero un toque exótico nunca está de más.
Fijada la hora del encuentro a las 18.00, y ya que llegué con un poco de antelación, eran las 16.15, fui degustando algún platillo de la carta. Es un restaurante muy divertido, con la carne te regalan unos sobrecillos que al golpearlos de un puñetazo contra la mesa sueltan unos bonitos chorros de color rojo o amarillo. Te pones pringado, pero es apasionante.

Aún no sé que pudo fallar, pero mi cita no se presentó. Mi buen día acababa de torcerse, y al parecer no fui la única victima. Recuerdo como una chica que llegó por mi espalda soltó un tremendo grito al llegar a mi altura. A saber lo que le pasaría a la pobre. Casualmente esto ocurrió a las 18.00, cuando tendría que haber llegado mi princesita.

Abatido, volví a casa y le pedí a mi madre que me preparara algo de cenar, los disgustos me abren el apetito.  Tras la ingesta me fui a mi habitación para conectarme al portal de contactos y averiguar que había podido ocurrir, pero antes de sentarme en el escritorio vi que sobre la cama había un paquete rectangular. De vuelta en el salón interrogué a mi anciana madre sobre el asunto. Ella me despachó con aspavientos y palabras tan ininteligibles como cargadas de gapazos, se acababa de quitar los dientes. Visto que no iba a sacar muchas respuestas de allí, volví a mi dormitorio para desenvolver el paquete, y por primera vez pude verlo. En letras doradas sobre tapa blanda color amarillo( mala combinación, me costo un rato descifrar el título) pude leerlo: “Manual para machotes de verdad”. Ese libro está cambiando mi visión de la vida. Y comenzaré ahora a relatarle por qué…

Continuará (o no)

lunes, 1 de julio de 2013

¿Sueñan las ovejas cismáticas con iglesias de cristal?




El otro día me comentaron un hecho curioso acaecido en una determinada parroquia de Madrid. Como desconozco si los protagonistas del evento quieren o no que se sepa su localización, voy a obviar determinados datos. Además, nunca se sabe cuan larga puede llegar a ser la garra rastreadora de ese sujeto que en su tiempo libre se dedica a doblar a Paco Clavel en las escenas peligrosas, y en su labor cotidiana maneja los hilos de la curia española.

Resulta que, presididos por un párroco de esos que dan en llamar obreros (me pregunto como se harán llamar aquellos que no se consideran obreros), se reunieron un grupito de personas para asistir a un matrimonio religioso, católico para más datos. Hasta aquí algo común y nada llamativo. Lo curioso es que uno de los cónyuges cometió el terrible pecado de divorciarse y la “Santa” iglesia se negaba a casarlos.

Saltándose las claras instrucciones de sus “jefes”, el curilla tendente a actuar con la zurda, ofició una ceremonia que si bien no tendrá registro eclesiástico, si que dejará a la pareja con la tranquilidad y satisfacción de haber presentado su unión a los ojos de su Dios. Quizá a usted pueda no parecerle importante este rito, pero las creencias son algo tan personal que el valor sólo puede dárselo aquel que las ostenta.

No es un hecho revolucionario, lo sé, ni siquiera un gran secreto, pues es bien sabido que los despachos episcopales son sabedores de este tipo de actos, pero sí que es un claro ejemplo de flexibilidad, amor y comprensión con el prójimo. Algo que predicaba un tal Jesús hace unos dos mil años.

Actos como este e incluso, desde el punto de vista de los más conservadores, mucho más graves,  ocurren a menudo dentro de un determinado, y por desgracia aún minoritario, sector de la Iglesia española. Si no han sido erradicados, no es por falta de ganas, lo que ocurre es que actuar con demasiado entusiasmo podría acabar haciendo que el tiro saliera por la culata. Atacar a aquellos que desobedecen para ayudar a los demás no trae muy buena prensa, y las autoridades religiosas católicas lo saben, para eso llevan practicando un excelente marketing desde hace varios siglos.

Para resolver el tema han optado por algo mucho más efectivo y elegante. Dejar en el ostracismo a este tipo de grupúsculos rebeldes. Sepa que, si usted es de los que marca la casilla de la iglesia en la declaración de la renta, está destinado fondos a los despachos, que serán repartidos en función de una serie de intereses que en su inmensa mayoría poco tienen que ver con el mensaje de Cristo. A pie de calle, donde trabajan los curillas desobedientes, no va a llegar mucho. Pero mantener a los “rebeldes” en la sombra tiene un precio. ¿Cuántas noticias sobre sacerdotes denunciantes de su propia institución ven ustedes en los medios informativos? Digamos…..Cero. Bueno, seamos generosos, una o dos al año, eso sí noticias pequeñitas y que aparecen más como anécdotas que como un hecho a denunciar.

Voy a decirles algo que si lee Rouco le hará rasgarse las vestiduras. ¡¡¡Uy!!!, perdón, perdón, no quería que la imagen de Monseñor arrancándose las faldas a jirones perturbara su imaginación…  En fin, ya está hecho, pruebe a lavarse la cabeza con Mistol, a ver si sale. A lo que iba: Mientras la Iglesia Católica siga siendo un poder, estará traicionando el legado de Jesús. He dicho.

Yo le confieso que tengo una especial admiración por el rebelde de Nazaret. Por aquel que curaba con las manos, probablemente utilizando métodos de tipo Reiki, aprendidos en sus viajes, y cuya técnica comenzamos ahora a descubrir en occidente. No quiero con esto decir que cualquiera puede hacer lo que él hacía. Este hombre tenía unas capacidades muy especiales, y me arriesgo a pensar que muy naturales (raaaaaasss, otro jirón).  Admiro al hombre que se enfrentó con la injusticia de las autoridades políticas y religiosas, no olvidemos que nació Judio, y que su intención era cambiar su iglesia, no crear una nueva a partir de él. (raaaaaass, raaaaaaaass,…). Tengo predilección por el humano que ayudaba a las putas, que quería hacer fluir la parte femenina del ser, que tenía una gran fe en sí mismo y en la vida. Qué entendió, que sufrió, que fue valiente entre los valientes y consiguió con ello llegar a la sabiduría.  

Cuando Jesús dijo “soy el hijo de Dios” se refería a que todos y todo somos hijos de Dios. (si no le gusta esta palabra ponga otra, ¿naturaleza, universo, energía, magia?… da igual, es lo mismo).
Cuando Jesús dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida” estaba diciéndonos que la verdad está dentro de cada uno de nosotros. Todos podemos repetir la misma aseveración en primera persona.
Cuando Jesús dijo “el que quiera entender que entienda” estaba provocando al hombre en su búsqueda de la esencia. También podría haber dicho “si quieres permanecer en la más básica ignorancia, allá tú”.

Habría mucho que hablar sobre la diferencia entre el Jesús que existió, el hombre, y el que nos han contado los supuestos guardianes de sus enseñanzas, el Dios inalcanzable. Y sobre todo, de las consecuencias de esta segunda versión: la actual Iglesia católica.

Termino, no quiero provocar más rotos. Bueno, una última cosa. Si trato de imaginarme al Nazareno viviendo estos días, se me aparece la imagen de un hombre tras una mesa en la calle, pidiendo firmas para solicitar el final del concordato. (Raaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaasssssss). ¡¡¡Uy!!!, creo que eso eran ya los calzoncillos de su Excelencia Reverendísima…

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