
Nunca me ha parecido especialmente simpático el hasta ahora muy honorable Jordi Pujol.
Sus gestos y palabras destilaron siempre un tufillo autoritario que me producía bastante rechazo. No niego su capacidad para batirse con soltura en el campo de la oratoria, pero incluso en sus mejores jugadas dejaba entrever que era un mal perdedor. Basta recordar algunas entrevistas para cerciorase de cómo reaccionaba rabioso y despótico cuando asomaba en la conversación alguna pregunta incómoda. Un Fraga en toda regla. Lógico, pues sus pensamientos y modos van de la mano por más que ambos trataran de convencernos de que sus posicionamientos estaban en las antípodas el uno del otro.
Por otra parte, puedo llegar a entender que para algunos catalanes, velados por el romanticismo, estos días están suponiendo un shock de identidad. Buscar respuesta y acomodo a la trascendental pregunta de “¿quién soy?” en una bandera, es un ejercicio común pero peligroso.
Ser Catalán, Manchego o Murciano conlleva transportar en tu ADN social una serie de tradiciones, costumbres, lenguaje… , bajo cuyos parámetros se tejió y se teje parte de nuestra personalidad. Pero agarrarse a esto como a un todo es entregar la responsabilidad hacia ti mismo a un ente virtual. Y si ese ente lo capitanea un impostor, peor que peor.
Ya en los años 80, cuando CIU ganó las elecciones y Pujol llegó a la presidencia de la Generalitat, asomó el fantasma del fraude en la descapitalización de Banca Catalana. Ahora salen a la luz todas aquellas tropelías, más las que fue realizando a lo largo de todos los años que ocupó el sillón principal del gobierno catalán.
Era una especie de secreto a voces, ahora vemos como parece que todo el mundo conocía pero nadie reconocía, y esto, sin quitarle un ápice de importancia al fraude que ha supuesto tener como mandatario durante más de veinte años a un defraudador, es más inquietante aún.
¿Qué ocurrió cuando Pujol llegó a la Generalitat y desaparecieron todos los rumores de imputación? ¿Quién o quienes pararon aquel proceso?, y sobre todo ¿por qué?
Durante años el president se lucró ilícitamente con la connivencia de muchos que ahora le dan la espalda o le apuntan con dedo acusador. ¿Por qué ahora?, ¿por qué callaron?
Aquella intervención de Pascual Maragall en el parlamento catalán en la que acusó a CIU, de forma indirecta pero clara, pues muchos conocían el asunto, de tener un problema de corrupción, es el más claro ejemplo de cómo funciona lo peor de la política. Maragall hubo de retractarse allí mismo cuando Artur Mas, digno sucesor (entiéndase la ironía) sacó las garras con el rostro medio desencajado ante el inesperado envite del líder socialista.
Es cierto que Pujol siempre ha sido un patriota… suizo, pero no es menos cierto que la calificación que Socialistas y Populares le otorgaron como “hombre de estado”, tiene en realidad una clara componente de conveniencia. Que CIU haya ejercido como bisagra en los distintos gobiernos españoles ha sido el salvoconducto que ha permitido a Jordi Puyol y a su grupo ejercer en Cataluña como si de un cortijo se tratara. Pero ojo, no lo olvidemos, con la complicidad de los gobiernos de Felipe González, José María Aznar, Rodriguez Zapatero y Mariano Rajoy. Y sí, digo Mariano Rajoy porque es evidente que romper la baraja, y para romper la baraja hay que estar jugando, es una maniobra electoral para cambiar el foco de atención de una penosa y canallesca gestión, a la guerra España – Cataluña. Y si no me creen sigan el curso de los acontecimientos y verán como esto acaba convirtiéndose en un enfrentamiento de españolistas contra catalanistas.
Para los creyentes, desde un punto de vista político-romántico, es tristísimo que el símbolo de una identidad común acabe siendo un fraude. Tendrán que rehacer sus creencias urgentemente para reparar el nacionalismo dañado, sustituyendo un símbolo por otro o buscando un nuevo enemigo (la España PePera seguro que les ayuda). O mejor aún, tendrán la oportunidad de descubrir que uno es uno, con sus virtudes y carencias, y que al vecino del país de al lado, y al de más allá, le pasa lo mismo.
Y para los descreídos de las banderas también hay una lección, quizás más importante, y es que el polvo ha entrado en casa porque hemos tenido las ventanas abiertas y nadie se ha puesto a limpiar. Ahora la mierda nos come, y será tarea de todos coger los aperos de limpieza y ponerse a fregar. Si la mayoría no lo hace será peor. Llegará uno que nos prometerá encargarse de todo, y a buen seguro que ese nos limpia la casa, pero del todo. Ni un mueble nos va a dejar.

Hobbes fue quien dijo en el siglo XVII (aunque antes ya lo había plasmado un escritor llamado Plauto, que vivió en el año 200 A.C) la famosa frase de “el hombre es un lobo para el hombre”
En el estudio de sus tesis, (partiendo siempre de las conjeturas de Hobbes, las cuales, por cierto, no comparto) entendimos el concepto egoísta que del ser humano tenía el filósofo Inglés como una lucha de todos contra todos. A lo que quizás no le prestamos la debida atención, es al hecho de que esta frase puede utilizarse también para establecer la relación del ser humano consigo mismo. Y yendo un poco más allá, también es aplicable a las sociedades, formaciones o cualquier otro tipo de asociación humana en busca de un objetico común.
Desconozco si en la sedes de Ferraz y Génova hay mucha gente interesada en la filosofía, y mucho menos si entre ellos existe alguien especializado en Thomas Hobbes. Pero, teniendo en cuenta los numerosos casos de corrupción y tejemanejes varios, no es absurdo pensar que aplican un modo operativo que sienta de alguna manera sus bases en el pensamiento del filósofo inglés, es decir, “voy a ponerme las botas a tu costa, porque tú harías lo mismo conmigo”
Y ya que han sido tan efectivos en las aplicaciones de la teoría filosófica que defiende que el hombre es malo por naturaleza, no estaría de más que, llegados a este punto, comiencen a reflexionar sobre el efecto de este proceder en las entrañas de sus partidos.
Los medios de comunicación llevan meses dirigiendo su atención a la entrada en escena de una nueva formación política llamada PODEMOS (seguramente les sonará de algo, pero si no es así les diré que me refiero al señor de la coleta que habla tan bien). Y, aunque es cierto que este grupo nacido del movimiento 15M es parte fundamental en la descomposición de los partidos hasta ahora reinantes, me temo que se les está escapando, o se niegan a mirar, un hecho aún más importante que la aparición de competencia electoral. Me estoy refiriendo a la autodestrucción.
Ningún partido le ha hecho nunca tanto daño al PSOE como el que le está infringiendo el propio PSOE. Una dirección atolondrada, atrincherada a la espera de que el vecino la cague, sorda a los gritos de las bases y viviendo ajena a los problemas de sus votantes, va dando tumbos desde que el “sacrificado” Zapatero decidió quemar las pocas naves izquierdistas con las que contaba para integrarse, obediente y sumiso, en el ejercito del Neoliberalismo.
El tortazo fue monumental y la reacción… nunca llegó.
La respuesta a semejante despropósito ha ido de mal en peor. La última, la elección del esbirro de Susana Díaz, el señor Pedro Sánchez, como revulsivo del cambio, sería un mal chiste de no ser por lo dramático de la situación. No ha cambiado nada, las ideas, los discursos y las maneras de Sánchez tienen el mismo aire apolillado de antaño. Es como si a Rubalcaba se lo hubiera merendado un señor guapo. Pero en el fondo, en las entrañas, sigue mandando el mismo, o los mismos.
Pero lo más triste es que en el PSOE siguen pensando que la mayoría no se dará cuenta, que volverán a creerse el cuento de la renovación y que, pasados unos meses-años recuperarán el poder y los beneficios personales que ello les reporta.
Mientras tanto, la O y la S de sus siglas acumulan telarañas y se sienten cada vez más huérfanas en la sede de Ferraz.
Tampoco tiene desperdicio lo que les está ocurriendo a sus más próximos vecinos (desde un punto de vista ideológico, por triste que sea el afirmarlo): el PP.
Resulta que en Génova también aplican la fórmula de: Tiempo transcurrido + El otro podría hacerlo peor = Ganamos las elecciones. Formulación caduca que no cuenta con la entrada de otros factores que ahora destrozan el enunciado y el resultado.
· El tiempo juega en su contra, los resultados prometidos no aparecen ni aparecerán (sencillamente ni trabajan para ello ni quieren trabajar, sus intereses son otros)
· El otro quizá lo haga peor, ya veremos, pero lo suyo ya es insufrible e inadmisible.
· Si gana las elecciones será como si no las hubiera ganado. Tendrá que pactar, y mucho, y eso acabará por desmotar muchos de sus chiringuitos.
El efecto disfraz, que aplican a través de sus medios afines, que ahora son casi todos los tradicionales, y en ellos sumamos al diario El País (me duele hasta escribirlo), se viene abajo con la llegada de medios alternativos. Internet les ha hecho mucha pupa pero lo peor está por venir. La información que se mueve por las redes tiene un doble efecto que es imparable. En primer lugar ofrece datos que otros medios no ofrecen y eso hace que un nutrido grupo del electorado se movilice en su contra. Dos, y más peligroso para ellos, estos datos se van filtrando al resto de la población.
Es cierto que la mayoría de votantes de entre 50 y 90 años no acuden a la red como medio principal de información, pero no sean ustedes ingenuos, quien más, quien menos, tiene hijos, nietos, vecinos… que acabarán por difundir esa información que a este rango de la población no le llega desde su opción informativa tradicional. A esto me refiero con la filtración, y este efecto gana con el tiempo.
Si todo esto se va cumpliendo, y por el momento así parece, en poco tiempo los dos partidos mayoritarios verán como el nerviosismo aumenta en sus filas y la reacción será, y de hecho ya comienza a asomar, la dentellada de unos contra otros.
Es bueno que esto ocurra. Es necesario desmotar para volver a montar, para intentar hacerlo mejor. Ya sabemos que el modelo bipartidista no es la solución. Y entonces ¿Cuál es la solución? ¿La entrada de PODEMOS en los distintos gobiernos? Francamente, no lo sé.
No tengo respuesta para la construcción, pero sí tengo claro que es necesario y urgente demoler mucho de lo que hay para construir de nuevo. Entre todos, izquierda, centro y derecha. Sin atajos y con consenso. No hay otra, estamos condenados a ello.
P.D_ Se habrán ustedes percatado de que no he nombrado a IU en este análisis. No es que quiera apartarlos de la quema, pero el problema de IU es otro, cuando menos se lo esperaban le han adelantado por la izquierda, y eso exige una reflexión que trataremos otro día.