Paperblog

Paperblog : Los mejores artículos de los blogs

martes, 8 de julio de 2014

Del balonmano playa al "mamanding"






El deseo es el pilar fundamental sobre el que se sustenta toda campaña publicitaria. Y entre todos ellos, por aquello de la represión educacional (hablo en presente, no en pasado), el sexual es el más importante y efectivo.  

Nos fijamos en una marca concreta de champú, de detergente o de ropa no porque nos atraiga especialmente el producto en sí, sino por lo que nos reportará su adquisición como añadido: poder, fuerza, sensualidad, valor, aventura, determinación… etc., etc.



Cuando toda la sociedad se transforma en un gran escaparate, y eso es el capitalismo, los métodos de venta publicitaria se acaban imponiendo más allá de su zona natural de trabajo, saltando de las vallas publicitarias a los diferentes estamentos de la sociedad. 

Todo se vende, el reloj que luce un famoso en la portada del HOLA no está ahí por casualidad. El agua embotellada que consume un deportista mientras es entrevistado, tampoco. Y así, poco a poco, nos vamos acostumbrando a un escenario  en el que comprar y vender se convierte en el principal objetivo de todo ciudadano que aspire a vivir feliz… o eso cree él.



Una vez establecido el sistema y admitido por todos, pues es innegable el poderoso atractivo del mundo publicitario, comienzan a aparecer acotaciones. Dependiendo de las costumbres morales de la población en ese determinado momento, pues la moral del pueblo es tan cambiante como la moda, las barreras de lo permitido y lo inaceptable en lo que a publicidad se refiere van mutando de posición. Para entenderlo les pongo un ejemplo personal. Hace años escuchaba en la radio la publicidad de una marca de Brandy cuyo lema era” Brandy Soberano es cosa de hombres”, y lo que pensaba era algo así como “este licor tiene que estar fuerte, hay que ser puro macho para beberlo, ¡qué ganas tengo de poder beberme una copita!” ... ni rastro de controversia sexista.


¿Se pueden imaginar un lema así hoy día?  En efecto, sería tachado de machista e inaceptable y su carrera comercial sería muy corta. Pero no se engañen, no somos mejores como sociedad de lo que éramos antes, simplemente han cambiado las acotaciones de lo permitido.




Leo en la prensa de hoy una noticia: la federación española de balonmano playa femenino (deporte del que no tenía constancia) obliga a sus equipos a cambiar la indumentaria de juego.  De llevar pantalón corto y camiseta pasarían a vestir con top y braga de bikini. ¿Las razones? Según  informa el representante de dicha federación,  pretenden hacer el deporte más atractivo al público.


Está claro que aquellos que han de velar por el porvenir de un deporte han de hacer lo posible por convertir éste en algo lo suficientemente interesante, pero ¿a costa de qué? Si me quieres vender un juego que en principio no funciona, cambia las reglas, hazlo más rápido, más divertido, vende sus posibilidades… Si todo lo que se te ocurre es poner a las chicas lo más sexis posibles no me estás vendiendo el deporte, me quieres vender otra cosa. ¿Lo ven? Esto es el mundo de la publicidad en estado puro, lanzando sus tentáculos por toda la sociedad.


No pretendo con esto hacer un juicio para distinguir entre el bien y el mal. Sobre todo porque no soy capaz de saber si es bueno o malo, moralmente hablando, y siempre que las integrantes del juego lo acepten, que las chicas jueguen con mucha, poca o ninguna ropa. Pero a mí, que soy un mortal muy de andar por casa, cuando me mezclan puntos de atención, acabo por hacerme un lio y ya no sé si prestar más ojo a la pelota o a la cacha. ¿Les parece machista?, pues a mí no. Lo que sí me parece sexista es obligar a unas muchachas que quieren practicar un deporte a lucir sus cuerpos les guste a ellas o no, y todo ello con el fin de promocionar una actividad, y por ende engordar las arcas de una federación. El resto es juicio moral. Y ese, como decía anteriormente, es tan mutable como nuestra piel.  


Mientras, en Palma de Mallorca se ha puesto de moda otro jueguecito denominado “mamanding”. Éste consiste en realizar las máximas felaciones posibles a los clientes de un bar a cambio de una bebida.  Ha saltado a los medios de información por su, según citan estos, “marcado carácter sexista”, y no son pocos los estamentos y defensores varios del  “correcto proceder” los que han pedido su prohibición.  Seré sincero, no entiendo ni a los que piden que se impida esta fiesta de tragasables ni a los que la practican para conseguir una copa gratis. El espectáculo me resulta triste, preferiría que la gente se dedicara a tocar y ser tocado, donde y como quiera, a cambio de dar y recibir placer. Porque de otra forma se convierte en negocio, y teniendo en cuenta el paupérrimo premio, es además un negocio muy triste.



Las cosas nunca son blancas ni negras. Es imprescindible prestar atención a la escala de grises que cubre todos los aspectos de una circunstancia para tratar de alcanzar algo de luz, o por lo menos para no caer en juicios absurdos, injustos y temporales. No es bueno ni malo el desnudo, no es bueno ni malo practicar una felación en un bar a uno dos o mil hombres, no es bueno ni malo jugar en bragas o con armadura. La degradación es otra cosa. Implica una imposición o auto imposición con un fin económico o de castigo. Cualquiera de los casos citados anteriormente pueden ser degradantes o no. Depende  de la intención de los actores.


Y respecto al sexismo también me gustaría añadir algo. El 90% de la publicidad que usted ve, escucha o lee es profundamente SEXUAL. Es decir, le van a disparar sus argumentos a la entrepierna hasta para venderle una aspiradora. Esto es una cosa, y otra bien distinta es sexismo, que implica una discriminación por razón de género. Y sí, también la mayoría de la publicidad que usted consume es sexista. Pero sexista no quiere decir exclusivamente convertir a la mujer en objeto, también el género masculino ha sido llevado a este punto (bendita igualdad, ¿verdad?, por fin somos todos igual de absurdos) ¿o acaso se cree usted que colocan a George Clooney en un anuncio de cafés porque todos sabemos que es un gran bebedor de este producto?. No hija, no. Lo ponen en pantalla para provocar su baba, igual que hacen conmigo cuando aparece Gisele Bündchen anunciándome…. bueno, en realidad no tengo ni idea de lo que anuncia porque no he sido capaz de fijarme en eso.


Pero no se flagele por esto (salvo que encuentre gustillo en la acción), somos humanos y por lo tanto una parte de su nuestro ser es animal. Y si disfruta con el juego, fantástico.  Lo importante es que no se la cuelen. Que sepa a lo que juegan y a lo que usted está dispuesto/a a jugar. Esa es la clave. Solo con esto el invento se les va a pique. Pero para ello ha de ser un poquito más crítico con lo que ve, oye y lee, y un poquito menos moralista con lo que interpreta. 

viernes, 27 de junio de 2014

La erótica del mal






En 1994 Oliver Stone, director conocido por su tendencia  al exceso, cinematográfica y personalmente hablando, estrenó una extraña y violenta película llamada “Asesinos Natos”.  En ella,  una pareja de peligrosos delincuentes acaban consiguiendo el beneplácito de la masa gracias a la fama a la que fueron dirigidos por los medios de comunicación.

En su día me pareció una película interesante pero excedida en su intento de analizar la relación entre los medios informativos y la interpretación de la violencia.  Hoy, veinte años después, siento decir que Stone tenía razón.



Jeremy Meeks es un peligroso delincuente de atractiva apariencia.  Su mami, llevada por ese instinto animal que justifica cualquier cosa que haga su retoño, comenzó en facebook una campaña para recaudar dinero con el objetivo de conseguir su liberación. El gran acierto de la señora fue la de colocar una foto del chavalote como reclamo. ¡Y vaya si funcionó!   Más de doscientos mil fans tiene la página en cuestión, y la suma recaudada ronda ya los cinco mil dólares (y subiendo).

La maldad tiene una parte tremendamente atractiva que no debemos obviar. Todos, de una u otra forma, sentimos esa atracción que ejerce la malicia. ¿Tan podridos estamos? Francamente, hablando en términos generales, no lo creo.


En realidad, el mal que nos cautiva no es tal. Es una maldad a medida, retocada y esbozada por los deseos de nuestra mente. De hecho, la diseñamos tanto que si nos fijamos bien podremos observar cómo el resultado final se asemejaría más al retrato de un converso que al de un malvado. Es un juego, y por lo tanto maleamos el personaje a nuestro antojo para hacerlo más deseable a nuestros intereses.

Este ejercicio no tiene, a mi entender, nada de malo. El gusto por el pecado es algo natural, como natural es la curiosidad que nos insta a traspasar lo prohibido. Una mente equilibrada puede entrar en el juego de la ensoñación, de cualquier tipo, sin peligro de quedarse atascada en la irrealidad. Cosa distinta ocurre cuando, acostumbrados a la virtualidad, la frontera entre lo real y lo imaginado se confunden.

Internet es una herramienta muy poderosa, demasiado nueva y, en consecuencia, peligrosa para mentes poco desarrolladas. No es ni buena ni mala, como todo en la vida depende del uso que hagas de ella. 

Un mundo virtual se acaba de abrir a la humanidad,  y eso, de entrada, es una gran noticia. Posibilita una mejora sustancial en nuestra capacidad de comunicación y nuestra oportunidad de conseguir información. Pero es extremadamente importante aprenderse la primera lección: internet es virtual y por lo tanto no real.

 Sin aprender esto mal vamos. Conseguimos el efecto contrario al que estamos buscando. Queremos más comunicación y acabamos aislándonos frente a una pantalla. Queremos más información y damos por cierto lo que se nos muestra en el cristal, sin contrastar las noticias. Queremos buscar y acabamos por perdernos del todo.



Entiendo que es esa, y no otra, la razón que lleva a cientos de jovencitas y jovencitos a enviar dinero a una cuenta destinada a sacar a un peligroso delincuente de la reclusión, no porque piensen que es inocente o esté rehabilitado, sino porque es guapo. Cada uno de los donantes ha construido con su imaginación una historia personal con ese muchacho. Unos se lo imaginan traviesillo pero atento con los niños. Otros atracando bancos pero dejándole una rosa cada mañana sobre la almohada antes de marcharse a la oficina, de otros, entiéndase, porque la va a atracar. Otros se concentrarán en las fantasías de alcoba, en las que el tipo será el amante perfecto, el que mejor las/los enviste, o el que mejor las/los besa, o el que mejor las/los ata a la cama… vaya usted a saber. Pero ninguno de esos muchachos imaginados existe. De hecho,  el que existe, de conocerlo, no les gustaría nada (tarados aparte). Son invenciones cuya única base parte de una imagen, de una foto, de un instante agraciado sobre el que comenzamos a escribir en el aire una fábula para nuestro deleite. Nada más. 


La imaginación es una de las mayores bendiciones que nos ha otorgado la naturaleza. Con ella puedes viajar, conquistar, volar, saltar, seducir, incluso cometer maldades ¿por qué no? ¿Acaso no se ha imaginado nunca el magnífico bofetón que le daría a ese vecino tan estúpido que le mira con desprecio?... no pasa nada, si no se lo da, claro. Pero si eso le sirve para relajar tensiones, adelante, estámpelo contra la pared (¡he dicho en su imaginación!)  


Tampoco quiero decir con esto que el cultivo de pensamientos negativos sea innocuo, al contrario, un modelo imaginativo tendente al dolor o la violencia le conducirá por muy mal camino. Pero si tratamos nuestras construcciones mentales del mismo modo que Ibáñez traza sus historias en los tebeos (con gente atropellada por un camión que se levanta en modo monigote cagándose en todo, por ejemplo) nada malo le ocurrirá. El humor, también aquí, es fundamental.


La problemática en este tema surge por tanto en el puesto fronterizo que se establece entre el yo existente y el yo virtual. Usted y yo nos podemos comunicar por Wassap, por ejemplo. Usted escribe en su teléfono algo y yo lo recibo en el mío. Hemos establecido una relación, cierto, pero ésta no deja de ser virtual. Es decir, irreal. Si desglosa la operación se dará perfecta cuenta de que usted está tratando con una maquina, igual que yo, y que la relación establecida se mantiene siempre y cuando permanezca el mismo muro que nos separa, en este caso nuestros teléfonos móviles.
Por tanto, será espléndido el invento si sirve como punto de partida para una comunicación real, de lo contrario el contacto será siempre rehén del vehículo, con todo lo que ello conlleva.


Para verlo más claro traslademos la cuestión al loco mundo de Facebook. En éste se mueven un sinfín de actores enmascarados, unos conocidos y otros no, pero todos enmascarados, con diferentes formas de pensar, diferente forma de transmitir y diferente forma de interpretar. Supongo que más de una vez se habrán parado a cuestionar si lo que acaban de leer es una broma, una ironía, una noticia bomba, una burla o un intento de desprestigiar a algo o a alguien.  Una misma frase o imagen tienen significado distinto dependiendo del origen, del transmisor y de la fuente. Analizar esto de forma automática se llama saber leer (audiovisualmente hablando también lo llamamos así). Y el hecho de saber leer es el primer paso para aprender a distinguir entre lo real y lo irreal.


Pues bien, los chicos y chicas de los que les hablaba antes, los de las donaciones, tienen un gravísimo problema de analfabetismo Neotecnológico (si me permiten el término). No saben distinguir realidad y ficción, no porque se hayan vuelto locos, sino porque no saben lo que están leyendo. Engullen sin parar imágenes, textos y audios sin filtrar más que en niveles muy básicos y se convierten así en individuos fácilmente manipulables y tendentes a la interpretación errónea. Y a la hora de dejar volar su imaginación en un barco cuyo timón es manejado por sus deseos, comienzan a crear una historia hecha de nubes que solo puede sobrevivir en su cabeza. Pero para ellos es real, muy real, y esto sí es un problema.
  

No es este un tema baladí en unos tiempos en los que la tecnología se mueve a una velocidad muy superior a la que podemos asumir. Para talar un árbol es más efectiva una moto sierra que un hacha, siempre y cuando nos tomemos un tiempito en aprender cómo funciona la moto sierra. De no ser así, adiós brazos, adiós piernas o adiós cabeza.

No es gracioso ni positivo apoyar, financiar o defender algo o a alguien dejándonos llevar por una imagen. Hay que leer, releer y analizar un poco antes de lanzarse al sinsentido. Esto último es mejor dejarlo para la imaginación, para el deleite de las ensoñaciones, pero teniendo muy claro lo que es y lo que no es.

Mientras tanto sueñen todo lo quieran, con quien quieran y como quieran, por muy malvados que sean… algún día les contaré mis fantasías con Lucía Figar, una de mis políticas-villanas favoritas… pero eso será otro día… quizás. 


Si te gustó, pulsa aquí, por favor.

Dame tu voto en HispaBloggers!
[Valid RSS]